viernes, 8 de octubre de 2010

Lecciones del desastre en el Golfo

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NEW YORK (National Geographic). Un día abrasador de junio, en Houma, Luisiana, las oficinas locales de British Petroleum (BP) –ahora el Centro de Comando de Incidentes de Deepwater Horizon– estaban atestadas de hombres y mujeres serios con chalecos de colores brillantes. Los altos directivos de BP y sus consultores iban de blanco; el equipo de logística, de naranja, y los funcionarios federales y estatales de medio ambiente, de azul. En las paredes de la “sala de operaciones” más grande, pantallas de video enormes mostraban mapas del derrame y la ubicación de los buques de respuesta.
El subcomandante de incidentes, Mark Ploen, de pelo cano, llevaba un chaleco blanco. Veterano con 30 años en las guerras contra los derrames petroleros y consultor, ha ayudado a limpiar desastres en todo el mundo, desde Alaska hasta el delta del Níger. Ahora se encontraba rodeado de hombres con los que había trabajado en el derrame del Exxon Valdez en Alaska, hacía dos décadas.
A 80 kilómetros de la costa, una milla debajo del agua en el lecho marino, el pozo Macondo de BP arrojaba algo así como un Exxon Valdez cada cuatro días. A finales de abril, una detonación había convertido la Deepwater Horizon, una de las torres de perforación más avanzadas del mundo, en un montón de carbón y metal retorcido en el fondo del mar. La industria se había comportado como si semejante catástrofe jamás fuera a ocurrir.
Lo mismo que sus reguladores. No había pasado nada semejante en el Golfo de México desde 1979, cuando un pozo mexicano llamado Ixtoc I explotó en las aguas poco profundas de la bahía de Campeche. La tecnología usada en las perforaciones había mejorado tanto desde entonces, y la demanda de petróleo era tan irresistible, que las compañías petroleras se lanzaron desde la plataforma continental hacia aguas más profundas.
El Servicio de Manejo de Minerales (MMS, por sus siglas en inglés), la agencia federal que regulaba las perforaciones en mar abierto, había declarado que las posibilidades de una explosión eran de menos de 1% y que, incluso si eso sucedía, no se liberaría mucho petróleo.
En el edificio de Houma, más de 1.000 personas trataban de organizar una limpieza. Decenas de miles más estaban afuera, recorriendo las playas en overoles blancos, explorando las aguas desde aviones y helicópteros y combatiendo la marea negra en expansión con skimmers, botes pesqueros adaptados y un diluvio de dispersantes químicos.
Alrededor del punto que Ploen llamó simplemente “la fuente”, una pequeña armada se balanceaba en un mar de petróleo. Un rugido ensordecedor salía del barco perforador Discoverer Enterprise mientras quemaba el gas metano capturado del pozo averiado. También brotaban flamas de otra plataforma, la Q4000, que quemaba petróleo y gas recolectados de una línea separada unida al preventor de explosiones roto. Cerca de ahí, dos botes camaroneros con barreras resistentes al fuego quemaban el petróleo retirado de la superficie, creando una pared curva de flamas y una columna altísima de humo negro y pringoso. Ya se habían gastado miles de millones de dólares, pero millones de barriles de crudo dulce ligero aún serpenteaban hacia las islas de barrera, marismas y playas del Golfo de México.
Las aguas del Golfo debajo de los 300 metros son una frontera relativamente nueva para los petroleros y uno de los sitios más duros del planeta para excavar. El lecho marino cae por la ladera suave de la plataforma continental en un intrincado terreno de cuenca y cordillera, con cañones hondos, dorsales oceánicas y volcanes de barro activos de 150 metros de altura. Más de 2.000 barriles de petróleo al día emanan de respiraderos naturales dispersos. Pero los depósitos comerciales yacen enterrados profundamente, a menudo debajo de capas de sal móvil propensas a terremotos submarinos.
Las temperaturas en el lecho del mar están casi bajo cero, mientras que las reservas de petróleo pueden alcanzar los 200 grados Celsius; son como botellas de soda calientes y agitadas esperando a que alguien las destape. Las bolsas explosivas de gas e hidratos de metano, congeladas pero inestables, escondidas en el sedimento, incrementan el riesgo de una explosión.
Por décadas, los exorbitantes costos de las perforaciones profundas mantuvieron las plataformas comerciales cerca de la costa. Pero la disminución de las reservas, el gran incremento de los precios del petróleo y los descubrimientos espectaculares en alta mar precipitaron una rápida demanda global por entrar a aguas profundas.
En 1995, el Congreso de Estados Unidos aprobó una ley que perdonaba las regalías de los campos petroleros en aguas profundas arrendados entre 1996 y 2000 en el Golfo de México. El número de permisos vendidos en aguas a media milla de profundidad o más se disparó de alrededor de 50 en 1994 a 1.100 en 1997.
Los nuevos campos con nombres como Atlantis, Thunder Horse y Great White llegaron justo a tiempo para compensar un largo declive de la producción petrolera en aguas poco profundas. El Golfo de México representa ahora 30% de la producción de Estados Unidos, la mitad de la cual viene de aguas profundas (de 305 a 1.524 metros), un tercio de aguas ultraprofundas (1.525 metros o más) y el resto de aguas poco profundas. El pozo Macondo de BP, a unos 1.525 metros bajo el agua y otros 3.960 metros debajo del lecho marino, no era particularmente profundo. La industria ha perforado a 3.048 metros bajo el agua y a un total de 10.683 metros. El gobierno estadounidense estima que el Golfo profundo podría contener 45.000 millones de barriles de crudo.
Aunque la tecnología permitía perforaciones cada vez más hondas, los métodos de prevención de explosiones y limpieza de derrames no se mantuvieron a la altura.
Errores profundos
Desde principios de siglo, los informes de la industria y la academia alertaban sobre el creciente riesgo de las explosiones en aguas profundas, la falibilidad de los preventores de explosiones y las dificultades para detener un derrame en aguas profundas una vez que este sucediera, una preocupación especial dado que los pozos en aguas profundas pueden arrojar hasta 100.000 barriles al día debido a que están bajo tanta presión.
El Servicio de Manejo de Minerales minimizó repetidamente tales preocupaciones. Un estudio de 2007 realizado por una agencia encontró que, de 1992 a 2006, sólo habían ocurrido 39 explosiones durante la perforación de más de 15.000 pozos de petróleo y gas en el Golfo. Pocas de estas habían liberado mucho petróleo; sólo una había ocasionado una muerte. La mayoría de las explosiones se detuvieron en una semana, generalmente llenando los pozos con pesado lodo bentonítico o cerrándolos de manera mecánica y desviando la burbuja de gas que había producido la peligrosa “patada” en primer lugar.
Aunque las explosiones eran por lo general raras, el informe del MMS encontró un aumento significativo en la cifra asociada con el cementado, el proceso de bombear cemento alrededor del revestimiento de metal del pozo (que rodea la tubería de perforación) para llenar el espacio entre este y la pared del barreno. En retrospectiva, esa voz de alerta era una mala señal.
Algunos pozos en aguas profundas son relativamente fáciles de perforar. Con el Macondo no fue así. BP contrató a Transocean, compañía basada en Suiza, para perforarlo.
La primera plataforma de perforación de Transocean quedó fuera de operaciones a causa del huracán Ida después de sólo un mes. Deepwater Horizon comenzó su infortunado esfuerzo en febrero de 2010 y enfrentó problemas casi desde el inicio.
A principios de marzo la tubería de perforación se atoró en el barreno, lo mismo que la herramienta que se envió para encontrar la sección atascada; los perforadores tuvieron que retroceder y taladrar alrededor de la obstrucción. Un correo electrónico de BP, que más tarde hizo público el Congreso, mencionaba que los perforadores tenían problemas para“controlar el pozo”. Otro correo, de un consultor, afirmaba: “Hemos modificado tanto los parámetros del diseño que ya me puse nervioso”. Una semana antes de la explosión, un ingeniero de perforaciones de BP escribió: “Este ha sido un pozo de pesadilla”.
Para el 20 de abril, la Deepwater Horizon estaba retrasada seis semanas de acuerdo con el programa, según los documentos del MMS, y el retraso le estaba costando a BP más de medio millón de dólares al día. BP había elegido perforar de la manera más rápida posible: usando un diseño de pozo conocido como long string porque coloca tuberías de perforación entre la reserva de petróleo y la boca del pozo. Un varillaje largo por lo general tiene dos barreras entre el petróleo y el preventor de reventones en el lecho marino: un tapón de cemento en el fondo del pozo y un sello de metal conocido como cierre de manga de emergencia, colocado justo en la boca del pozo. El cierre de manga no había sido instalado cuando el Macondo explotó.
Además, los inspectores del Congreso y los expertos de la industria sostenían que BP se saltó pasos en su labor de cementado. No logró colocar lodo bentonítico pesado fuera de la tubería de revestimiento antes del cementado, práctica que ayuda a que el cemento se cure de manera apropiada. No puso suficientes centralizadores, los dispositivos que aseguran que el cemento forme un sello completo alrededor del revestimiento, y falló al no realizar una prueba para verificar que el cemento se hubiera adherido de manera correcta.
Finalmente, justo antes del accidente, BP remplazó el lodo bentonítico pesado en el pozo con agua de mar mucho más ligera, cuando se preparaba para terminar y desconectar la plataforma del pozo. BP se rehusó a hacer comentarios a este respecto, citando la investigación en curso.
Todas estas decisiones podrían haber sido por completo legales y con seguridad le ahorraron tiempo y dinero a BP; no obstante, cada una aumentó el riesgo de una explosión. Los inspectores sospechan que la noche del 20 de abril una gran burbuja de gas se infiltró de alguna manera en el revestimiento, quizá por huecos en el cemento, y se disparó hacia arriba. El preventor de explosiones debió haber detenido esa poderosa patada en el lecho marino; sus pesadas bombas de ariete debieron haber cortado la tubería de perforación como si fuera una pajilla, bloqueando la oleada ascendente y protegiendo la plataforma de arriba. Pero ese mismo dispositivo a prueba de fallas había sufrido fugas y problemas de mantenimiento. Cuando un géiser de lodo bentonítico estalló en la plataforma, fallaron todos los intentos por activar el preventor.
BP calculó que en el peor de los casos un derrame sería de 162.000 barriles diarios –casi tres veces el caudal que de hecho ocurrió–. En otro plan de respuesta al derrame para todo el Golfo, la compañía afirmaba que podía recuperar casi 500.000 barriles al día usando tecnología estándar, de manera que el peor derrame causaría el mínimo de daños a la pesca y la vida silvestre en el Golfo, incluyendo morsas, nutrias y leones marinos.
No hay morsas, nutrias ni leones marinos en el Golfo. El plan de BP también incluía en su lista para casos de emergencia a un biólogo marino que había muerto hacía años y daba la dirección de un lugar de entretenimiento en Japón como un sitio de abasto para adquirir equipo de respuesta para los derrames. Los desaciertos tan difundidos también habían aparecido en los planes de respuesta a derrames de otras compañías petroleras. Simplemente habían sido copiados y pegados de planes más viejos que se habían preparado para el Ártico.
Cuando el derrame ocurrió, la respuesta de BP se quedó muy corta con respecto a sus alegatos. Los científicos de un destacamento federal dijeron a principios de agosto que al inicio el pozo explotado había descargado 62.000 barriles al día, un caudal enorme, pero muy por debajo del peor escenario de BP.
En junio, Mark Ploen estimó que en un buen día sus equipos de respuesta, con skimmers traídos de todas partes del mundo, recogían unos 15.000 barriles. Tan sólo quemar el petróleo, práctica utilizada en el derrame del Exxon Valdez, había probado ser más efectivo. La flota de quema de BP era de 23 buques, entre ellos botes camaroneros locales que trabajaban en parejas acorralando el petróleo en la superficie con largas barreras a prueba de fuego y luego incendiándolo con napalm casero. En una “quema monstruosa”, el equipo incineró 16.000 barriles de petróleo en poco más de tres horas.
Ixtoc I
“A los camaroneros se les da hacer esto –dijo Neré Mabile, consejero de ciencia y tecnología del equipo de quema en Houma–. Saben cómo echar redes. Se aseguran de que cada barril que quemamos sea un barril que no llegará a la costa, que no afecte el medio ambiente, que no afecte a la gente. ¿Y cuál es el lugar más seguro para quemar esta cosa? En medio del Golfo de México”.
En junio, el Discoverer Enterprise y la Q4000 comenzaron a recolectar petróleo directamente del preventor roto, y para mediados de julio habían alcanzado 25.000 barriles al día, aún mucho menos, incluso añadiendo los esfuerzos de los skimmers y el equipo de quema, de los casi 500.000 barriles diarios que BP había asegurado que podría remover. En ese punto la compañía finalmente logró poner un tapón ajustado al pozo, interrumpiendo el chorro luego de 12 semanas.
Para principios de agosto, BP parecía estar a punto de tapar el pozo Macondo de manera permanente con lodo bentonítico y cemento. El estimado del destacamento federal con respecto a la cantidad de petróleo derramado se mantuvo en los 4.9 millones de barriles. Los científicos del gobierno estimaron que BP había removido una cuarta parte del petróleo. Otra cuarta parte se había evaporado o disuelto en moléculas dispersas.
Pero un tercer cuarto se había dispersado en el agua en forma de pequeñas gotas, que aún podrían ser tóxicas para algunos organismos. Y el último cuarto –unas cinco veces la cantidad derramada por el Exxon Valdez– permaneció como manchas o brillos en el agua, o bolas de alquitrán en las playas. El derrame de la Deepwater Horizon se había convertido en el mayor derrame accidental en el océano de la historia, incluso mayor que la explosión del Ixtoc I en la bahía de Campeche en México, en 1979. Sólo ha sido superado por el derrame intencional de la Guerra del Golfo en 1991, en Kuwait.
El derrame del Ixtoc I devastó la pesca y las economías locales. Wes Tunnell lo recuerda bien. Alto y de 65 años, el experto en arrecifes coralinos de la Universidad A&M de Texas-Corpus Christi obtuvo su doctorado estudiando los arrecifes en los alrededores de Veracruz a principios de los setenta, y siguió estudiándolos hasta una década después de que el derrame los había cubierto de petróleo. Tunnell escribió un primer informe sobre las consecuencias ahí y en la Isla del Padre, en Texas.
A principios de junio, después de que el nuevo desastre planteara la interrogante de cuánto tiempo podría durar el efecto de un derrame, regresó al arrecife Enmedio para ver si todavía había petróleo del Ixtoc I. Le tomó tres minutos de esnorqueleo para encontrar algo. “Bueno, eso fue fácil”, dijo.
Tunnell estaba de pie en el agua clara que le llegaba hasta la cintura, en la laguna del arrecife protegido, sosteniendo lo que parecía ser un trozo de poco más de siete centímetros y medio de grosor de arcilla arenosa gris. Cuando lo partió en dos, el interior era negro azabache con la textura y el olor de un brownie de asfalto.
Del lado de la laguna, donde el arrecife se veía gris y muerto, la capa de alquitrán del Ixtoc I todavía estaba parcialmente enterrada en los sedimentos. Pero en el lado del océano del arrecife, donde los vientos, las olas y las corrientes son más fuertes, no había restos de petróleo. La lección para Luisiana y los otros estados del Golfo es clara, piensa Tunnell. Donde hay energía de las olas y oxígeno, la luz del sol y las abundantes bacterias devoradoras de petróleo del Golfo lo descomponen bastante rápido. Cuando el petróleo se precipita al fondo y es arrastrado a sedimentos con poco oxígeno como los de la laguna –o en una marisma– se puede quedar ahí por décadas, degradando el medio ambiente.
Los pescadores del poblado cercano de Antón Lizardo tampoco se habían olvidado. “El derrame casi destruyó todos los arrecifes”, dice Gustavo Mateos Montiel, un hombre poderoso, ahora en sus sesenta, que llevaba el sombrero típico de paja de los pescadores veracruzanos. “Se acabaron los pulpos. Se acabaron los erizos. Se acabaron las ostras. Se acabaron los caracoles. Se acabaron casi todos los peces. Nuestras familias estaban hambrientas. El petróleo en la playa nos llegaba a las rodillas”.
Aunque algunas especies, como los camarones de la bahía de Campeche, se recuperaron en pocos años, Mateos, junto con otros pescadores reunidos en la playa, dijeron que tomó de 15 a 20 años para que sus pescas se normalizaran. Para entonces, dos tercios de los pescadores del pueblo habían encontrado otros trabajos.
Aun en las aguas turbulentas y muy oxigenadas de la costa bretona en Francia, pasaron al menos siete años después del derrame del Amoco Cadiz en 1978 antes de que las especies marinas y las granjas de ostras de Bretaña se recuperaran por completo, de acuerdo con el biólogo francés Philippe Bodin. Bodin, experto en copépodos marinos, estudió los efectos del derrame a largo plazo. Cree que el efecto será mucho peor en las aguas más tranquilas y con menos oxígeno del Golfo, en particular debido al uso excesivo del dispersante Corexit 9500.
BP ha dicho que el químico no es más tóxico que el detergente para trastes, pero se utilizó de manera consistente en el derrame del Amoco Cadiz y Bodin lo halló más tóxico para la vida marina que el petróleo mismo. “El uso masivo de Corexit 9500 en el Golfo es catastrófico para el fitoplancton, el zooplancton y las larvas –dice–. Más aún, las corrientes llevarán el dispersante y las columnas de petróleo a todas partes del Golfo”.
En mayo, los científicos en el Golfo comenzaron a rastrear columnas de metano y gotitas de petróleo viajando a la deriva hasta 48 kilómetros del pozo roto, a profundidades entre 900 y 1.200 metros. Uno de esos científicos era una bioquímica de la Universidad de Georgia, Mandy Joye, que ha pasado años estudiando las chimeneas de hidrocarburos y las emanaciones de salmuera en el Golfo profundo. Encontró una columna del tamaño de Manhattan, cuyos niveles de metano eran los más altos que haya medido en el Golfo.
Mientras las bacterias se dan un festín con el petróleo y el metano derramados, agotan el oxígeno del agua; en un punto, Joye encontró niveles de oxígeno peligrosamente bajos para la vida en una capa de agua de 180 metros de grosor, a las profundidades donde usualmente viven los peces. Debido a que las aguas en el Golfo profundo se mezclan muy lentamente, dijo, esas zonas agotadas podrían persistir por décadas.
BP estaba usando viejos aviones DC-3 acondicionados como fumigadores gigantes para esparcir el Corexit 9500 sobre la marea negra de la superficie. Por tratarse del primer derrame profundo grave del mundo, la compañía también obtuvo permiso de la Agencia de Protección Ambiental y la Guardia Costera de Estados Unidos para bombear cientos de miles de galones de dispersante directamente sobre el gas y el petróleo que salían a borbotones del pozo, una milla por debajo de la superficie. Eso contribuyó a crear las columnas en aguas profundas.
Al oceanógrafo Ian MacDonald, de la Universidad Estatal de Florida, no sólo le preocupan las columnas sino también el total del volumen de petróleo derramado. Cree que podría tener un efecto considerable en la productividad general del Golfo, no sólo para los pelícanos y los camarones de los pantanos de Luisiana, sino para todas las criaturas en la región entera, desde el zooplancton hasta los cachalotes. Le preocupan particularmente los atunes de aleta azul, que sólo desovan en el Golfo y en el Mediterráneo; la población de atún ya estaba disminuyendo drásticamente a causa de la sobrepesca. “Hay una cantidad enorme de materiales altamente tóxicos en la columna de agua, tanto en la superficie como abajo, que se mueven alrededor de una de las cuencas oceánicas más productivas del mundo”, dijo MacDonald.
Durante su recorrido en junio, el equipo de Joye tomó muestras de agua a una milla del Discoverer Enterprise, lo suficientemente cerca para escuchar el rugido apocalíptico de su enorme llamarada de metano. Los investigadores y miembros de la tripulación se pararon en la cubierta trasera del Walton Smith y tomaron fotos en silencio. Los vapores cáusticos del petróleo, el diésel y el asfalto les quemaban los pulmones. Tan lejos como alcanzaba la vista, las aguas azul cobalto del Golfo profundo estaban manchadas de un rojo parduzco. Cuando Joye volvió adentro estaba pensativa.
“El incidente de la Deepwater Horizon es consecuencia directa de nuestra adicción global al petróleo –dijo–. Incidentes como este son inevitables si perforamos en aguas cada vez más profundas. Estamos jugando con fuego. Si este no es un motivo para usar energía verde, no sé cuál lo sería”.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Traslasierra.Minería a cielo abierto.

jueves 15 de abril de 2010


Traslasierra y las Sierras de Cordoba necesitan que todo el mundo lo sepa.


Este email esta redactado para que todos las personas de Argentina, -entre ellos 2 millones de turistas que todos los años visitan Córdoba, medios de comunicacion, habitantes de los valles serranos -, sepan que se autorizó la exploracion de una gran zona de las altas cumbres(las montañas más altas que se ven de todos lados) en búsqueda de yacimientos de uranio. La zona en cuestión mide aproximadamente 500 hectáreas, se encuentra en el nacimiento de la mayoría de las cuencas de agua del valle de Traslasierra y a pocos kilómetros de la Quebrada de los Condoritos, 'área protegida'.

De concretarse este asunto se demolerían montañas enteras con explosivos, se contaminaría el agua con los productos utilizados para la extracción de uranio, y se crearía un enorme cañón por donde correría agua en época estival generando posibles aludes sobre pueblos de Córdoba. Efectos nocivos sobre la economía de la provincia, y aún no sabemos qué clase de efectos puede causar en la salud de la población.

Si te interesa colaborar envía este email a todos tus contactos o por lo menos a los que creas se interesarán, en algún momento dentro de poco es muy posible que tengamos que empezar a actuar, por ahora hay que informarse.

Las siguientes imágenes son fotografías de los lugares que pueden quedar o desaparecer bajo la mano de la minería a cielo abierto: En el centro, la zona donde se quiere hacer la mina a cielo abierto.


Quebrada cercana a la de los Condoritos, este paraje está en el centro de la exploración, el camino de las altas cumbres pasa por uno de esos cerros.

Otra imagen desde otro ángulo del mismo lugar.Parte sur de la Quebrada: de allí hacia abajo son 4 kilómetros más de posible mina de uranio.

¡ Aquí no quedará nada!

Localidad de Nono, el pueblo que será más afectado por el desastre. Su río que pasa a pocas cuadras de esta plaza nace en la quebrada que está en las fotos anteriores. Es muy probable que si le falta 5 kilómetros de cauce, el río crezca como nunca antes...

¿¿¿Tendremos nieve otra vez???


Este es el plano de la exploración. Esa línea negra que se ve es el camino de las altas cumbres, a pocos kilómetros de Mina Clavero y de Nono, teine 5 kilómetros de largo:


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martes, 20 de julio de 2010

Marilina Ross- Contra viento y marea

http://www.youtube.com/watch?v=QjxQg1dChIg

2012: La entrada al " CINTURON FOTONICO"

2012,la entrada al “cinturón fotónico”

2 Noviembre 2009
por deltoyax
pleyades_2


La Constelación de Las Pléyades, está compuesta por varios sistemas solares. El Sol Central de la Constelación de las Pléyades se llama ALCIÓN y sus sistemas son, desde el interior: Merope, Atlas, Maya, Electra, Coele, Taigeta, y el nuestro llamado Ors, los cuales están siempre dentro del anillo de fotones por lo que están habitados por seres de luz eterna (como los ángeles luminosos en la antigüedad). Nuestro sistema es el más alejado y la última orbita en girar alrededor de Alción y se toma 25.920 años en dar la vuelta completa.
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Según profecías y estudios Mayas el 22 de Diciembre del Año 2012 entraremos definitivamente en el Campo de Radiación Fotónica. Durante los próximos 10 años el Planeta Tierra y sus vecinos del sistema solar ajustarán sus estructuras moleculares. Todos se preparan para el gran cambio, una oportunidad única para los habitantes de estos mundos.
La transformación no se dará exactamente en esa fecha,es de sentido común,probablemente todo comience un dia, entre el 2013 y el 2020,será en el momento en el que nadie se lo espere,como está predicho en la biblia….
“Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el
profeta Daniel, entonces los que estén en Judea, huyan a los montes.
El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva
atrás para tomar su capa. Mas, ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días!
Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo; porque habrá entonces gran
tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos
días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán
acortados” (San Mateo, 24:15 a 22).
50. “E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la
luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.
“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.
“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro
vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.
Al entrar nuestro Sistema Solar y nuestro Planeta en esta radiación serán excitadas todas las moléculas y átomos de todos los cuerpos existentes. Esta excitación molecular creará un tipo de luz constante no caliente; luz sin temperatura que no produce sombras.
CinturonFotonicoEl ingreso a este campo será gradual lo que tomará dos días aproximadamente. Luego una zona de oscuridad total de tres días, aquí los aparatos eléctricos no funcionarán producto del hipermagnetismo reinante. La parte mayor, la luz sin fin, será las 24 horas del día durante 2.160 años. Al entrar nuestro sol en el “Cinturón de Fotones” se producirá en la Tierra una oscuridad como la noche con una lluvia de estrellas que durará 5 días aproximadamente. Esto será consecuencia de la modificación repentina de la radiación solar y de la excitación molecular de la atmósfera al entrar en contacto con el anillo mesiánico. El día perpetuo será consecuencia de la propia radiación no dependiendo ya del Sol para tener luz de día. Si la Tierra ingresa antes que el sol, se producirá un fenómeno parecido a un incendio planetario, la materia parecerá luminosa, mas, sólo será un fenómeno visual. Es en esta Edad de Oro, o Reino de Luz Dorada en donde el ser humano podrá realizarse plenamente, los pueblos podrán comprender su historia, sus habilidades psíquicas y de conciencia plena en conjunto con su sistema solar y el universo. Este reino de luz podrá ser conocido por todos aquellos cuyas vibraciones internas espirituales y corporales sean afines a las ondas mesiánicas del anillo de fotones.
cinturon fotonesEl sólo hecho de ingresar a este campo de fotones la Tierra irá disminuyendo su rotación debido a la reducción de la radiación solar, la temperatura descenderá y los campos de hielo se extenderán hasta los 40º de latitud en ambos hemisferios, sólo quedarán habitables las zonas cercanas al Ecuador aunque esta zona ecuatorial no será lo que es hoy ya que el cambio del eje polar creará un glaciar que se extenderá por todos los continentes. Las capas de hielo no resistirán mucho debido a la ausencia de lluvias y pronto se derretirán producto de la radiación constante. Entonces la Tierra se inundará, los niveles de agua subirán hasta los 900 metros de altura cubriendo la faz del planeta. El cataclismo inminente marcará el inicio de un nuevo ciclo, un ciclo de luz, de paz, de justicia, sin enfermedades, ni malicias. Un reino para los justos, para aquellos elegidos entre millares, para los que vibren al unísono con la tonada del Cosmos.
LLEGA LA HORA DE PARTICIPAR EN LO GALÁCTICO:
La llegada al Cinturón Fotónico está causando una gran expectativa y un gran “estrés” en todo el Sistema Solar. Para el momento crucial habrá tres fuentes de ayuda:  1.- De los grandes ayudantes espirituales y ángeles de las muchas dimensiones.  2.- Aquellos en forma humana que ayudan a las fuerzas celestiales.  3.- Se han establecido patrones energéticos protectores alrededor del planeta. Todo este conjunto minimiza la actividad sísmica.
Pero hay otro punto que también es importante que comprendan:  Están al borde de estos grandes cambios y de nuevos comienzos debido a nuestros futuros aterrizajes de “Contacto inicial” en su planeta. Esta Jerarquía Espiritual y el primer contacto, dirigido por los Sirios, ayudarán a todo el sistema solar a tomar su lugar en la Federación Galáctica de modo que se conviertan en lo que acabamos de describir, una civilización galáctica.   A través del amor y la sabiduría aplicados aquí en la Tierra, pueden estar seguros de que en algún momento en el futuro podrán compartir sus conocimientos con otros sistemas estelares, y entonces el compartir continuará ante la presencia y el poder siempre creciente de Dios. Realmente, están al borde de un tiempo sorprendente y maravilloso.

lunes, 19 de julio de 2010

sábado, 29 de mayo de 2010

Jorge Fernández Díaz ¿Profundizar el proyecto revolucionario o reinventar la democracia? Kirchnerismo bolivariano del siglo XXI



Jorge Fernández Díaz ¿Profundizar el proyecto revolucionario o reinventar la democracia?

Kirchnerismo bolivariano del siglo XXI

Jorge Fernández Díaz
Para LA NACION


Sábado 29 de mayo de 2010 | Publicado en edición iNéstor Kirchner fue originalmente un joven e intrascendente militante estudiantil. Después pasó por la derecha peronista y desembocó en el peronismo renovador. Fue en algunos tiempos menemista y en otros un cavallista cabal: con el verdadero padre de la criatura hizo una alianza política importante. Su relación con Domingo Cavallo siempre fue buena, pública y estrecha. Ya en la Casa Rosada, se decía desarrollista, al igual que Mauricio Macri y Elisa Carrió.
¿Se le puede adjudicar, por lo tanto, una ideología a Néstor Kirchner? Hasta ahora yo creía que no, que su ideología era el poder. Sin embargo, últimamente algunas evidencias van demostrando que el desarrollo de la acción política con sus triunfos y derrotas, con la generación de aliados y enemigos, va llenando de contenido cualquier frasco vacío.
Por necesidad o coartada, Kirchner fue arropando sus actos de gobierno con una determinada ideología, y aunque al principio fue más oportunismo que convicción, con el correr del tiempo el contagio se hizo inevitable. Un simulador al final se convierte en lo que simula. Uno no sólo es lo que es sino muy principalmente lo que hace, y también con quién recorre ese camino. Así como antes no le habían interesado lo más mínimo las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo o los intelectuales progresistas, a quienes luego utilizó como escudos humanos, con el paso de los años se fue impregnando de sus argumentos y simpatizando con esas ideas primigenias que había sabido olvidar para ser simplemente peronista.
La primera vez que tomé un café con un ministro de la mesa chica de los Kirchner, ese funcionario que había estado toda la vida junto al entonces presidente de la Nación y que hoy sigue junto a él con tanta fe como el primer día hizo una caracterización muy precisa de sí mismo. El era lo que siempre fue: un peronista clásico. "Pero Néstor nunca fue monto ni filomonto, ni muy amante del peronismo -me dijo, buscando desesperadamente una definición ideológica del jefe, la idea original que había formateado su disco rígido-. Néstor era, era, a ver..." Yo tuve un relámpago de clarividencia, entre tanto balbuceo, y lo ayudé: "La izquierda nacional -dije-. El querido y brillante Jorge Abelardo Ramos". El ministro chasqueó los dedos como si yo hubiera encontrado una perla. "¡Exactamente eso! -me confirmó-. La izquierda nacional."
Esta corriente política proviene del trotskismo, pero se reconvirtió completamente en lo que después se denominó "socialismo criollo". Una corriente que acompañó al peronismo, como una lancha sigue de cerca un portaaviones, en un apoyo crítico, pero convencida de que el movimiento de Juan Perón tenía el proletariado y que junto con él había que formar un frente nacional antiimperialista, propender a la unión latinoamericana y enfrentar a los cómplices locales (cipayos) de la dependencia: éstos podían ser los conservadores, los radicales, los comunistas e incluso otros socialistas que no acordaran con la visión "nacional" de esa izquierda. El partido era pequeño, pero su argumentación se volvió transversal en los 70 y sobrevivió a través de las décadas como una cultura vasta y firme.
Antes de la irrupción de Ernesto Laclau, que legalizó la palabra "populista", los nacionalistas de izquierda rechazaban ese término. Ahora aceptan que el populismo es una praxis política que no respeta ideologías: Bush, para el caso, era tan populista como Perón. Pero por encima de toda esta disquisición lingüística y operativa lo cierto es que los nacionalistas siguen defendiendo su particular identidad. La cuestión central no es, entonces, disfrazar con más palabras lo que en realidad se puede llamar por su nombre: Néstor Kirchner practica una suerte de nacionalismo de izquierda, que Hugo Chávez denomina el "socialismo del siglo XXI". Chávez es un nacionalista nato, y los pequeños partidos de la izquierda nacional de la Argentina lo reconocieron antes que nadie. O al menos en forma simultánea con las fuerzas carapintadas, que también tenían ese halo de nacionalismo militar, reivindicatorio de la Guerra de Malvinas y heredero de una tradición que entronizó en el poder a los generales y coroneles de 1943.
El nacionalismo de izquierda, que excede, obviamente, a Ramos y que se asoció al revisionismo histórico y a figuras como Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz, se interna en una amplia tradición argentina arraigada dentro de distintas fuerzas y concibe su empresa como una lucha permanente entre un campo popular y la partidocracia. De hecho, divide toda la historia en dos: desde 1810 hasta la fecha la gran puja argentina ha sido entre nacionalistas y liberales. Así piensa, concretamente, el ministro de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, que fue un fervoroso acólito de Ramos y que hoy explica bien lo que Carta Abierta explica mal. También Laclau, que antes de ser el pensador de cabecera de los Kirchner fue un entusiasta militante de Abelardo Ramos.
Esa división entre nacionalistas y liberales nada tiene que ver con otras divisiones perimidas, como peronistas y radicales o izquierdas y derechas. De hecho, en el nacionalismo hay peronistas, radicales, izquierdistas y derechistas. También los hay en el campo antagónico. La izquierda, sin ir más lejos, se divide muy claramente en tres segmentos: la propiamente dicha hasta el Partido Obrero, la kirchnerista en sus múltiples expresiones y esa fuerza fantasmal e inarticulada que forman socialistas santafecinos, alfonsinistas, peronistas de los años 80 e intelectuales inorgánicos: socialdemócratas. Entre estas dos últimas tendencias hay franjas de indefinición, como las hay en aquellas millas náuticas donde se mezclan el Río de la Plata y el océano Atlántico. Más adelante, sin embargo, es muy claro que uno es marrón intenso y el otro es azul.
Ultimamente he escuchado de varios militantes kirchneristas este concepto: "Néstor Kirchner es sólo el instrumento del campo popular. Está lleno de defectos, pero eso no viene al caso. Es la gran ola de la historia la que pasa y no se detiene en los detalles. Néstor viene a dar esta lucha de siempre por la liberación y contra la dependencia".
Esa divisoria de aguas termina con amistades y buenas vecindades del pasado, y esta concepción movimientística e histórica hace pensar en una idea vieja y contradictoria: la revolución en democracia. Entiéndase por democracia, en esta visión nacionalista, sólo el derecho a votar y el mantenimiento a regañadientes de ciertas instituciones. Una "revolución nacional" no se detiene en cuestión de formas republicanas, ni en formalidades judiciales o de libertad de expresión. Es por eso que el kirchnerismo se permite a sí mismo violar muchas normas democráticas que considera frenos para una causa mayor. Y es también por todo eso que el problema de la corrupción se hace menor frente a lo que hay en juego: la construcción de "un verdadero país independiente".
Estamos hablando, como se verá, de un sistema de pensamiento revolucionario, que lleva el traje democrático con incomodidad. Al fin y al cabo, la democracia es un sistema opuesto, producto de las grandes corrientes liberales. Ese último término (liberal), que ha sido desprestigiado hasta el cansancio por políticas ineficaces y corruptas, complicidad con dictaduras y finalmente con el fracaso del Consenso de Washington, poco tiene que ver con el liberalismo como filosofía política surgido de la Revolución Francesa y de las luces. España, después de nacionalismos de derecha y de republicanos en guerra y de miles de muertos, logró construir un sistema liberal donde la izquierda (el PSOE) y la derecha (el PP) son capaces de gobernar alternativamente sin destruir la democracia.
La socialdemocracia europea y también mucha de la latinoamericana (Chile, Uruguay, Brasil) ha logrado desde esa posición el progreso y la libertad. El chavismo las ve como expresiones de la derecha (serían, a lo sumo, la izquierda liberal y reformista) frente al gran movimiento bolivariano, en el que incluye a Evo Morales, Rafael Correa y el matrimonio Kirchner. Unos son socialdemócratas y otros son nacionalistas. Los dos expresan la oposición al Consenso de Washington, pero con estilos diferentes. Unos profundizan la democracia, otros viven en estado de revolución.
No estamos hablando, claro está, de una verdadera revolución en los términos absolutos y clásicos, sino de un proceso político que se autopercibe como revolucionario y que ha logrado instalar esa idea en el imaginario de crecientes segmentos de la grey universitaria.
Revolución y democracia son dos palabras que en nuestro país tienen buena prensa. Pero me temo que no se puede servir a dos banderas a la vez y que al final siempre se vuelven incompatibles. Los argentinos tarde o temprano van a tener que elegir entre una y otra palabra. Porque la crisis de 2001 era más profunda de lo que creíamos. Ya no existen peronistas y antiperonistas, ni peronistas versus radicales, ni izquierdas contra derechas. Hoy está instalada en nuestro país una discusión simbólica y asordinada entre revolución y democracia. Así de simple, y así de complejo.
Es notorio cómo el proyecto kirchnerista fue variando. En un comienzo, se veía a sí mismo como un partido reformista de centroizquierda que soportaba la hipotética alternancia de uno de centroderecha. Pero con los años y las batallas, y la desesperación por no perder el poder, los kirchneristas comenzaron a hablar del peligro de una "restauración conservadora". Ese término implica de por sí la imposibilidad de una alternancia pacífica, puesto que si la gran amenaza es una "restauración" lo que se impone es una "resistencia patriótica contra el entreguismo" a todo o nada. Se trata de un dramatismo revolucionario alejado de cualquier atisbo de consenso, y que como toda epopeya prendió rápidamente en nuevas generaciones politizadas de la pequeña burguesía. Esos jóvenes son más kirchneristas que Kirchner, a quien consideran un simple piloto del gran buque nacional. Y están seguros de que esta "revolución" necesita profundizarse día a día y sostenerse en el tiempo. Un tercer, cuarto y hasta quinto mandato de los Kirchner les suena, obviamente, no sólo lógico y aceptable, sino imprescindible para garantizar esta "revolución inconclusa". "No hay vuelta atrás", dictaminaron hace unos días los intelectuales kirchneristas, quemando las naves.
La situación se vuelve inquietante si se piensa que a una "revolución" no la puede seguir un partido, sino la refundación épica del mismísimo sistema democrático, hundido hace nueve años por una implosión de la economía. Un verdadero líder de la oposición que quisiera tener alguna chance frente a semejante mística debería quizá pensar menos en cuestiones programáticas coyunturales y en divergencias ideológicas dentro del espectro político (cualquier partido tiene ala derecha e izquierda) y pensar más en propalar el regreso de los argentinos a una democracia plena después de años de democracia manca y condicionada vivida bajo emoción violenta. Y garantizarle, de paso, a la sociedad electoral que no echará abajo, una vez más, a pico y pala los logros de la actual administración, que los tiene y son muchos.
Ese gesto democrático, si fuera exitoso en las urnas, reencauzaría al mismísimo nacionalismo, que tal vez sería obligado así a jugar de nuevo el juego bipartidista, los acuerdos de políticas de Estado y una vida cívica con menos divisiones, ataques, represalias económicas, golpes de mano, violaciones institucionales y lenguaje bélico. © LA NACION
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Sábado 29 de mayo de 2010 | Publicado en edición impresa 
  •  a Néstor Kirchner? Hasta ahora yo creía que no, que su ideología era el poder. Sin embargo, últimamente algunas evidencias van demostrando que el desarrollo de la acción política con sus triunfos y derrotas, con la generación de aliados y enemigos, va llenando de contenido cualquier frasco vacío.
Por necesidad o coartada, Kirchner fue arropando sus actos de gobierno con una determinada ideología, y aunque al principio fue más oportunismo que convicción, con el correr del tiempo el contagio se hizo inevitable. Un simulador al final se convierte en lo que simula. Uno no sólo es lo que es sino muy principalmente lo que hace, y también con quién recorre ese camino. Así como antes no le habían interesado lo más mínimo las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo o los intelectuales progresistas, a quienes luego utilizó como escudos humanos, con el paso de los años se fue impregnando de sus argumentos y simpatizando con esas ideas primigenias que había sabido olvidar para ser simplemente peronista.
La primera vez que tomé un café con un ministro de la mesa chica de los Kirchner, ese funcionario que había estado toda la vida junto al entonces presidente de la Nación y que hoy sigue junto a él con tanta fe como el primer día hizo una caracterización muy precisa de sí mismo. El era lo que siempre fue: un peronista clásico. "Pero Néstor nunca fue monto ni filomonto, ni muy amante del peronismo -me dijo, buscando desesperadamente una definición ideológica del jefe, la idea original que había formateado su disco rígido-. Néstor era, era, a ver..." Yo tuve un relámpago de clarividencia, entre tanto balbuceo, y lo ayudé: "La izquierda nacional -dije-. El querido y brillante Jorge Abelardo Ramos". El ministro chasqueó los dedos como si yo hubiera encontrado una perla. "¡Exactamente eso! -me confirmó-. La izquierda nacional."
Esta corriente política proviene del trotskismo, pero se reconvirtió completamente en lo que después se denominó "socialismo criollo". Una corriente que acompañó al peronismo, como una lancha sigue de cerca un portaaviones, en un apoyo crítico, pero convencida de que el movimiento de Juan Perón tenía el proletariado y que junto con él había que formar un frente nacional antiimperialista, propender a la unión latinoamericana y enfrentar a los cómplices locales (cipayos) de la dependencia: éstos podían ser los conservadores, los radicales, los comunistas e incluso otros socialistas que no acordaran con la visión "nacional" de esa izquierda. El partido era pequeño, pero su argumentación se volvió transversal en los 70 y sobrevivió a través de las décadas como una cultura vasta y firme.
Antes de la irrupción de Ernesto Laclau, que legalizó la palabra "populista", los nacionalistas de izquierda rechazaban ese término. Ahora aceptan que el populismo es una praxis política que no respeta ideologías: Bush, para el caso, era tan populista como Perón. Pero por encima de toda esta disquisición lingüística y operativa lo cierto es que los nacionalistas siguen defendiendo su particular identidad. La cuestión central no es, entonces, disfrazar con más palabras lo que en realidad se puede llamar por su nombre: Néstor Kirchner practica una suerte de nacionalismo de izquierda, que Hugo Chávez denomina el "socialismo del siglo XXI". Chávez es un nacionalista nato, y los pequeños partidos de la izquierda nacional de la Argentina lo reconocieron antes que nadie. O al menos en forma simultánea con las fuerzas carapintadas, que también tenían ese halo de nacionalismo militar, reivindicatorio de la Guerra de Malvinas y heredero de una tradición que entronizó en el poder a los generales y coroneles de 1943.
El nacionalismo de izquierda, que excede, obviamente, a Ramos y que se asoció al revisionismo histórico y a figuras como Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz, se interna en una amplia tradición argentina arraigada dentro de distintas fuerzas y concibe su empresa como una lucha permanente entre un campo popular y la partidocracia. De hecho, divide toda la historia en dos: desde 1810 hasta la fecha la gran puja argentina ha sido entre nacionalistas y liberales. Así piensa, concretamente, el ministro de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, que fue un fervoroso acólito de Ramos y que hoy explica bien lo que Carta Abierta explica mal. También Laclau, que antes de ser el pensador de cabecera de los Kirchner fue un entusiasta militante de Abelardo Ramos.
Esa división entre nacionalistas y liberales nada tiene que ver con otras divisiones perimidas, como peronistas y radicales o izquierdas y derechas. De hecho, en el nacionalismo hay peronistas, radicales, izquierdistas y derechistas. También los hay en el campo antagónico. La izquierda, sin ir más lejos, se divide muy claramente en tres segmentos: la propiamente dicha hasta el Partido Obrero, la kirchnerista en sus múltiples expresiones y esa fuerza fantasmal e inarticulada que forman socialistas santafecinos, alfonsinistas, peronistas de los años 80 e intelectuales inorgánicos: socialdemócratas. Entre estas dos últimas tendencias hay franjas de indefinición, como las hay en aquellas millas náuticas donde se mezclan el Río de la Plata y el océano Atlántico. Más adelante, sin embargo, es muy claro que uno es marrón intenso y el otro es azul.
Ultimamente he escuchado de varios militantes kirchneristas este concepto: "Néstor Kirchner es sólo el instrumento del campo popular. Está lleno de defectos, pero eso no viene al caso. Es la gran ola de la historia la que pasa y no se detiene en los detalles. Néstor viene a dar esta lucha de siempre por la liberación y contra la dependencia".
Esa divisoria de aguas termina con amistades y buenas vecindades del pasado, y esta concepción movimientística e histórica hace pensar en una idea vieja y contradictoria: la revolución en democracia. Entiéndase por democracia, en esta visión nacionalista, sólo el derecho a votar y el mantenimiento a regañadientes de ciertas instituciones. Una "revolución nacional" no se detiene en cuestión de formas republicanas, ni en formalidades judiciales o de libertad de expresión. Es por eso que el kirchnerismo se permite a sí mismo violar muchas normas democráticas que considera frenos para una causa mayor. Y es también por todo eso que el problema de la corrupción se hace menor frente a lo que hay en juego: la construcción de "un verdadero país independiente".
Estamos hablando, como se verá, de un sistema de pensamiento revolucionario, que lleva el traje democrático con incomodidad. Al fin y al cabo, la democracia es un sistema opuesto, producto de las grandes corrientes liberales. Ese último término (liberal), que ha sido desprestigiado hasta el cansancio por políticas ineficaces y corruptas, complicidad con dictaduras y finalmente con el fracaso del Consenso de Washington, poco tiene que ver con el liberalismo como filosofía política surgido de la Revolución Francesa y de las luces. España, después de nacionalismos de derecha y de republicanos en guerra y de miles de muertos, logró construir un sistema liberal donde la izquierda (el PSOE) y la derecha (el PP) son capaces de gobernar alternativamente sin destruir la democracia.
La socialdemocracia europea y también mucha de la latinoamericana (Chile, Uruguay, Brasil) ha logrado desde esa posición el progreso y la libertad. El chavismo las ve como expresiones de la derecha (serían, a lo sumo, la izquierda liberal y reformista) frente al gran movimiento bolivariano, en el que incluye a Evo Morales, Rafael Correa y el matrimonio Kirchner. Unos son socialdemócratas y otros son nacionalistas. Los dos expresan la oposición al Consenso de Washington, pero con estilos diferentes. Unos profundizan la democracia, otros viven en estado de revolución.
No estamos hablando, claro está, de una verdadera revolución en los términos absolutos y clásicos, sino de un proceso político que se autopercibe como revolucionario y que ha logrado instalar esa idea en el imaginario de crecientes segmentos de la grey universitaria.
Revolución y democracia son dos palabras que en nuestro país tienen buena prensa. Pero me temo que no se puede servir a dos banderas a la vez y que al final siempre se vuelven incompatibles. Los argentinos tarde o temprano van a tener que elegir entre una y otra palabra. Porque la crisis de 2001 era más profunda de lo que creíamos. Ya no existen peronistas y antiperonistas, ni peronistas versus radicales, ni izquierdas contra derechas. Hoy está instalada en nuestro país una discusión simbólica y asordinada entre revolución y democracia. Así de simple, y así de complejo.
Es notorio cómo el proyecto kirchnerista fue variando. En un comienzo, se veía a sí mismo como un partido reformista de centroizquierda que soportaba la hipotética alternancia de uno de centroderecha. Pero con los años y las batallas, y la desesperación por no perder el poder, los kirchneristas comenzaron a hablar del peligro de una "restauración conservadora". Ese término implica de por sí la imposibilidad de una alternancia pacífica, puesto que si la gran amenaza es una "restauración" lo que se impone es una "resistencia patriótica contra el entreguismo" a todo o nada. Se trata de un dramatismo revolucionario alejado de cualquier atisbo de consenso, y que como toda epopeya prendió rápidamente en nuevas generaciones politizadas de la pequeña burguesía. Esos jóvenes son más kirchneristas que Kirchner, a quien consideran un simple piloto del gran buque nacional. Y están seguros de que esta "revolución" necesita profundizarse día a día y sostenerse en el tiempo. Un tercer, cuarto y hasta quinto mandato de los Kirchner les suena, obviamente, no sólo lógico y aceptable, sino imprescindible para garantizar esta "revolución inconclusa". "No hay vuelta atrás", dictaminaron hace unos días los intelectuales kirchneristas, quemando las naves.
La situación se vuelve inquietante si se piensa que a una "revolución" no la puede seguir un partido, sino la refundación épica del mismísimo sistema democrático, hundido hace nueve años por una implosión de la economía. Un verdadero líder de la oposición que quisiera tener alguna chance frente a semejante mística debería quizá pensar menos en cuestiones programáticas coyunturales y en divergencias ideológicas dentro del espectro político (cualquier partido tiene ala derecha e izquierda) y pensar más en propalar el regreso de los argentinos a una democracia plena después de años de democracia manca y condicionada vivida bajo emoción violenta. Y garantizarle, de paso, a la sociedad electoral que no echará abajo, una vez más, a pico y pala los logros de la actual administración, que los tiene y son muchos.
Ese gesto democrático, si fuera exitoso en las urnas, reencauzaría al mismísimo nacionalismo, que tal vez sería obligado así a jugar de nuevo el juego bipartidista, los acuerdos de políticas de Estado y una vida cívica con menos divisiones, ataques, represalias económicas, golpes de mano, violaciones institucionales y lenguaje bélico. © LA NACION